Monday, 24 June 2019
El mexicano dual (I) PDF Print E-mail
Contradictorio


Por: Vladimir A. Almanza / EL BOQUEÑO

El mexicano requiere un profundo estudio antropológico. Es pesimista, pero al mismo tiempo, esperanzado. Es ignorante, pero al mismo tiempo, sabio. Es creyente, pero al mismo tiempo, incrédulo. Es victimista pero también acostumbra agarrar al toro por los cuernos.

Octavio Paz abordó esa contradicción en El Laberinto de la Soledad y a la postre se ha convertido en una de las mejores referencias literarias para entender al mexicano. Pero... ese libro data de una época que fue y que ya no será. Y el mexicano de ayer no es como el mexicano de hoy.

Sin embargo, un factor no cambia: su esencial contradicción.

Cuando Andrea Legarreta, la conductora del programa matutino Hoy, de TELEVISA, expresó unas líneas (hayan sido leídas en el telepromter o no) sobre los efectos de la paridad cambiaria peso/dólar en la economía mexicana, desató una ola de críticas en su contra. Y todo por decir que tal situación obedece a factores externos; que no es culpa de nuestro gobierno; que el temido dólar caro (en este caso) no afecta a los mexicanos pues lo que consumen las familias no reflejará un incremento de precios.

¡Santo padre! Con estas palabras, Legarreta cayó en herejía social, fue objeto de anatema. ¡¿Cómo que no es culpa del gobierno?! ¡¿Cómo que no me va a perjudicar un billete verde a 19 pesos?! ¡¿Cómo?!

El mexicano promedio (así le llamaremos a la mayoría de los mexicanos) se basa en eventos pasados, en crisis vividas durante los ochentas y noventas. Y eso es signo de sabiduría: aprender de la experiencia. Pero ese mexicano sabio también es ignorante, porque no se instruye y por lo tanto desconoce que el poder adquisitivo de México ya no se determina por una simple conversión monetaria, sino por la inflación/deflación de su mercado y por la complejidad de su economía. Desconoce que a diferencia de otras ocasiones, esta vez la apreciación del dólar no ha resultado en aumentos de precios debido a la Reforma Fiscal y a la buena reputación conseguida por el Banco de México en el transcurso de los años.

Cuando a Humberto Moreira lo arrestaron en España, el mexicano lo celebró. Pero, ¡sorpresa!, la Fiscalía Anticorrupción del ibérico país no le pudo fincar delito alguno. Y entonces el mexicano elaboró una formidable explicación: Moreira compró a los españoles.

Ni México, ni Estados Unidos, ni España, han logrado comprobar las acusaciones hechas a Moreira desde que entregó la gubernatura de Coahuila, pero el mexicano promedio jamás dejará de creer que es culpable. Es más, ni aunque Dios mismo lo exonerara en persona, el mexicano dejaría de creer que Moreira es culpable. Porque el imaginario pesa más que la razón. Y así, el mexicano creyente en algo no verificado, es, al mismo tiempo, incrédulo.

Y mientras el mexicano promedio condena la corrupción política, la inseguridad, la violencia, vomita sobre las instituciones del Estado y fustiga a la figura presidencial, externa sin rubor su simpatía hacia El Chapo y su solidaridad con Kate del Castillo y Sean Penn por encubrirlo durante 98 días.

Increíble pero cierto.

 

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